Dividendo Social | Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)
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Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)

Con motivo del novedoso ciclo de presentación de libros «Destino ODS«, nuestra CEO, Raquel Paiz, periodista, especializada en Comunicación Corporativa, Desarrollo Sostenible y Responsabilidad Social Corporativa (RSC), participó en un interesante y sugerente debate: «Trenes que pasan«.

En el encuentro, tuvo lugar la presentación del libro de Rafael Ruiz Pleguezuelos “Trenes que Pasan”, dentro del I Ciclo de Presentación de libros «Destino ODS», organizado por la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales y la ETS de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos.

Se trata de una actividad gratuita y abierta a toda la comunidad universitaria y al público en general.

En esta ocasión, el debate giró en torno al ODS 9: “Industria, Innovación e Infraestructuras”, y contó con Raquel Paiz, periodista especializada en Comunicación Corporativa y Desarrollo Sostenible. Finalista de los Premios de Innovación de la Fundación COTEC; Rainer Uphoff, CEO de Mufmi y Presidente de Alianza por la Movilidad Sostenible y la Innovación Rural;  y Rafael Ruiz Pleguezuelos, autor del libro que ha sido galardonado recientemente con el Premio Tiflos de novela 2021, como ponentes.

 

En el  debate moderado por Javier Ordóñez y Carmen Lizárraga, profesores de la Universidad de Granada,  la periodista expuso su visión sobre el futuro, que, en su opinión, será sostenible o puede que no sea. Y en este contexto, expuso algunos de los aspectos que requieren atención urgente; respuestas coherentes, sostenibles, realistas  y con capacidad transformadora y voluntad para evitar los riegos a los que, como humanidad, nos enfrentamos.

Intervención completa de Raquel Paiz en youtube.

Líneas de actuación que requieren pasar del storytelling, al storydoing, como la crisis climática y otros inminentes riesgos relacionados con los recursos y el coste de nuestra inacción.

Si no actuamos en el que, a ciencia cierta, es tiempo de descuento será el más importante de los trenes que, como humanidad, dejaremos pasar.

Además de las directrices y metas expuestos por las Naciones Unidas en sus ODS 9, «Industria, innovación e infraestructuras» y ODS 11, «Ciudades y comunidades sostenibles y resilientes» de la Agenda Raquel Paiz, expuso el valor de la oportunidad de impulsar una verdadera transformación de nuestro modelo de producción y desarrollo, en un contexto pos-Covid, que favorece la transición.

Del plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, del Gobierno de España, en línea con el plan europeo y su Pacto Verde, destacó la idoneidad de vincular el momento de reconstrucción pos pandemia, con la oportunidad de fijar las bases de un nuevo modelo de crecimiento social y económico sobre cuatro objetivos transversales:

  1. Avanzar hacia una España más verde,
  2. Más digital,
  3. Más cohesionada desde el punto de vista social y territorial,
  4. Y más igualitaria.

En este sentido, agenda urbana, la lucha contra la despoblación, la modernización y desarrollo de la agricultura, pasando por la resiliencia de infraestructuras y ecosistema y la transición energética, resultan claves como palancas de transformación

Transición ecológica, desarrollo sostenible  y reto demográfico, trenes que, como país y como provincia, no podemos dejar pasar.

Granada, una provincia de contrastes

Respecto de la realidad granadina, nos encontramos con una provincia de contrastes.

  • Granada, como destino turístico y ciudad universitaria, con más de medio millón de habitantes, distribuidos en Granada y los 31 municipios del área metropolitana.
  • La Costa, con 123,876 habitantes, en unos 14 municipios.
  • Y las zonas rurales, con riesgo de despoblamiento, con poco más de 259.000 habitantes en unos 128 municipios.

Es decir, una provincia, con 174 municipios, cuenta con el 82% de la población, concentrada en las zonas urbanas.

¿Qué trenes no debería dejar pasar Granada?

En línea con la tendencia nacional, la provincia de Granada cuenta con grandes desafíos:

  1. Afrontar el inminente riesgo de despoblación
  2. Afrontar los desequilibrios de nuestra pirámide de población
  3. Gestionar los efectos de la población flotante

Para Granada, es prioritario abordar una adecuada estrategia de despoblamiento que tenga presente esta dinámica demográfica con sus dos caras perfectamente enlazadas; el despoblamiento de las zonas rurales de la provincia, frente a la alta densidad de población de las dos grandes zonas urbanas de la provincia.

¿Cómo hacerlo?

(Entre otros)

  • Garantizando la funcionalidad de los territorios afectados por la despoblación y la baja densidad.
  • Mejorando la competitividad y facilitando el desarrollo de nuevas actividades económicas y el fomento del emprendimiento.
  • Favoreciendo el asentamiento y la fijación de población en el medio rural.
  • Apoyando la puesta en marcha de proyectos de desarrollo socioeconómico de jóvenes, que garanticen el relevo intergeneracional.
  • Asegurando el dimensionamiento de las infraestructuras y equipamientos necesarios para el desarrollo socioeconómico sostenible de las áreas con intensos flujos de población flotante.

Y todo esto se resume en una sencilla idea:

Haciendo de las zonas rurales con tendencia a la despoblación, territorios atractivos para el emprendimiento y las inversiones. Y para esto, se requieren conexiones, movilidad sostenible, infraestructuras, y equipamientos adecuados y sostenibles, capaces de satisfacer las necesidades de una ciudadanía y un empresariado propio del siglo XXI.

 

 

En tiempo de descuento, Dividendo Social se suma a las acciones propuestas por la WWF, con motivo de la “Hora del Planeta”.

Nos sumamos al “gran apagón” y asumimos el desafío que nos propone la asociación para agitar conciencias y entrar, sí o sí, en acción por el clima, en línea también con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 13 de la Agenda 2030 de la ONU.

¿Cómo lo haremos?

Sumando unos kilómetros al desafío lanzado por la WWF. 40.000 kilómetros por el Planeta. 40.000 kilómetros para alertar sobre la urgencia de actuar para frenar el deterioro de un planeta que dice “basta”.

40.000 kilómetros, en los que cada paso es -y será- decisivo en un año en tiempo de descuento. Una carrera contrarreloj para afrontar uno de los mayores retos a los que, como humanidad, nos enfrentamos:

  • Contribuir a frenar el cambio climático, mitigar sus efectos e impulsar fórmulas de adaptación y resiliencia ante el deterioro ya causado
  • Frenar la escalada de deterioro y destrucción del Planeta y de sus ecosistemas terrestres y marítimos
  • Detener la pérdida de biodiversidad
  • Reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera a la mitad, de aquí (el tiempo pasado, pasado está) a 2030
  • Intensificar las acciones y las políticas para impulsar la transición ecológica y un nuevo paradigma sostenido en los principios de desarrollo sostenible

La hora del planeta

Como cada año, nos sumamos al gran apagón, en la hora del planeta. Un gesto simbólico para apagar las luces, el próximo 26 de marzo de 20.30 a 21.30 horas, en un gesto simbólico para que monumentos, empresas, organizaciones, corporaciones municipales, edificios emblemáticos, ciudades y ciudadanía en general, expresemos nuestro deseo de salvaguardar el que, hasta el momento, es nuestro único hogar.

De aquí al año 2030, horizonte temporal fijado por las Naciones Unidas, hay que intensificar nuestras acciones para contribuir al logro de los ODS y otros importantes acuerdos como los de las diferentes Cumbres del Clima, como artífices en la construcción de un mañana “en el que nadie quede atrás”.

Principios de actuación sociales, medioambientales, económicos y de Gobernanza, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de vocación universal, debieran poder inspirar las actuaciones de gobiernos, empresas, entidades del tercer sector… también en nombre de la paz y la justicia social y ambiental.

No hay tiempo que perder.

 

 

La humanidad se enfrenta al que, sin duda, es uno de sus mayores desafíos. Convertirse en garante de un futuro posible y sostenible para las generaciones más jóvenes y para las generaciones venideras, más aún, en un tiempo marcado por una crisis climática cada vez más evidente en países como España.

La escasez de lluvia, con períodos de sequía cada vez más largos y frecuentes, cuestionan la sostenibilidad y la calidad de vida en nuestros territorios. La falta de confianza en las instituciones y la desafección y desidentificación con la política y la clase política debilitan el marco de confianza entre ciudadanía, empresa y administración pública, imprescindible en la que habría de ser una década de acción.

Por paradójico que resulte, todo apunta a que soplan vientos favorables para impulsar un cambio de paradigma y una nueva cultura sostenible más consciente y respetuosa. El azote de una pandemia como la COVID-19, que ha puesto en jaque al sistema y que ha cuestionado el modelo de producción y relación vigente, debiera ser un punto de inflexión para acometer esa transición ecológica justa, que integre principios de circularidad en nuestras economías y en nuestros modelos de producción y consumo.

Las reiteradas advertencias de un planeta exhausto que dice “basta”, los incesantes llamamientos de las Naciones Unidas para integrar la Agenda 2030, sus 17 ODS y sus respectivas metas; los acuerdos de las Cumbres por el Clima (COP); los riesgos identificados por organismos como el Foro Económico Mundial, no parecen suficientes, sin embargo, para hacer coincidir las cuestiones de interés público, con el interés público. El sentido común, con el sentido de lo común.

Inmersos aún en la mayor pandemia mundial conocida por nuestra generación, seguimos relativizando los riesgos relacionados con el clima o recursos vitales como agua y alimentos. Seguimos relativizando la importancia de ahondar en las brechas de desigualdad. Seguimos ignorando que la pérdida de biodiversidad en nuestros sistemas ecoterrestres y marítimos, implica seguir “desnudándonos” y deshaciéndonos de recursos cruciales para evitar o mitigar la probabilidad de la propagación de nuevas enfermedades o nuevas pandemias.

Cuando gobiernos como el de España se dotaron de una estrategia nacional para contribuir al logro de los ODS, con su Plan de Acción para la implementación de la Agenda 2030: hacia una estrategia española de desarrollo sostenible, como hoja de ruta hacia un mañana asentado sobre los pilares del desarrollo sostenible, partían como medida transformadora, con el objetivo de que, en 2020 (sí, 2020), el 100% de la población, como mínimo, conociera la existencia y capacidad transformadora de la Agenda 2030.

Hoy, cuando a penas faltan unos años para ese hipotético -y ya no tan lejano- año 2030, la población no solo sigue ajena a la existencia y el significado de una Agenda universal refrendada unánimemente por los países miembros de la ONU en 2015; sino que el sector privado, aliado y agente imprescindible para la transformación que requiere el cambio de ciclo, sigue sin identificar las oportunidades de alinear sus modelos de negocio con modelos imbricados con esos principios ASG de los que todo el mundo parece hablar, sin ser, del todo, entendidos.

Alinear los modelos de negocio con principios ASG (ESG, por sus siglas en inglés), o lo que es lo mismo, con principios ambientales, sociales y de Gobernanza debiera ser, hoy, algo más que una tendencia. Al margen de que no hacerlo, además de inmoral, implica la renuncia implícita a la sostenibilidad como oportunidad y valor asociado a marcas con propósito. Desoír la advertencia de los riesgos relacionados con los principios ASG es ignorar los infinitos riesgos de colapso de y para nuestras economías y nuestros sistemas.

El planeta es nuestra mayor fuente de recursos. Y hoy, el planeta se encuentra al borde del colapso. Consecuentemente, el sistema productivo también lo está. La factura de insumos relacionados hoy con energías no renovables como los hidrocarburos; y el coste eléctrico, es una de las consecuencias evidentes de la desproporcionada dependencia y su, hasta ahora, uso desmedido.

La desafección y la falta de confianza en el sistema, en las empresas y en los gobiernos rigen el modelo de relación de la ciudadanía con las instituciones, en detrimento de los objetivos y metas planteados por Naciones Unidas en su ODS 17, Alianzas, que considera la indispensabilidad de todos los agentes para que los objetivos y metas, contenidos en la agenda universal de la sostenibilidad, alcance todos los éxitos.

Generar confianza, la consideración de la primacía de los riesgos climáticos y una transición justa, son las tendencias en sostenibilidad identificadas por Forética, para este crucial 2022.

 

 

 

Como cada mes de enero desde 1975, se celebra el día mundial de la educación ambiental. Efeméride que emplaza a la humanidad a concienciar desde edades tempranas, sobre la importancia de proteger el Planeta. Vivir por encima de nuestras posibilidades, literalmente como si no hubiese un mañana, es intolerable y es inmoral. Es vivir de espaldas a una realidad que acecha sobre la (in)consciencia de la humanidad.

Los principales riesgos identificados por el Foro Económico Mundial en su informe anual (The Global Risks Report 2022) en el corto y medio plazo, están relacionados con el clima. Con el coste de nuestra inacción y los daños que directamente causamos al entorno, con un clima extremo, con la pérdida de la biodiversidad y con el que, parece, un avance imparable hacia una crisis de recursos naturales (agua y alimentos), cuyos efectos serían devastadores.

A pesar de los reiterados llamamientos por parte de entidades supranacionales como la ONU, seguimos viviendo como si no hubiese un mañana, sobrepasando la capacidad del Planeta para generar recursos y para regenerarse. El colapso del sistema, en términos económicos sería inviable. En términos humanitarios, desolador.

El precipitado avance hacia una crisis del agua y de alimentos, la pérdida de riqueza natural terrestre y marítima, las sequías cada vez más frecuentes y más prolongadas, los fenómenos meteorológicos extremos acercan al sistema al borde del precipicio y condenan a las generaciones más jóvenes y a las no nacidas aún, a un futuro cada vez más incierto y más improbable.

Y, sin embargo, llegado este punto, “es demasiado tarde para ser pesimista”. Conocemos la magnitud del desafío. Conocemos los riesgos (y las oportunidades). Y solo de nosotros, depende decidir si queremos ser parte de la solución o sucumbir al sentimiento colectivo de agonía catastrófica.

Implicar a la juventud, en tanto que heredera del futuro, es, sin duda, pieza indispensable para frenar una tendencia que parece imparable. Concienciación y educación son claves para impulsar el desarrollo sostenible y sembrar las semillas de una renovada conciencia sobre la importancia de proteger nuestro único hogar. Intervenir desde edades tempranas para “formar una población mundial consciente y preocupada con el medio ambiente y con los problemas asociados, y que tenga conocimiento, aptitud, actitud, motivación y compromiso para trabajar individual y colectivamente en la búsqueda de soluciones para los problemas existentes y para prevenir nuevos”, determinará -o no- el éxito de nuestras acciones, tal como se recoge, desde aquel lejano 26 de enero de 1975, en la Carta de Belgrado, tan vigente (o más) que entonces.

 

 

Porque, sin agua, no hay futuro posible, hoy, 22 de marzo, Día Mundial del Agua, nos sumamos a la reivindicación de Naciones Unidas para dotar al agua de valor y significado. Y a la importancia de concienciar sobre la indispensabilidad del agua para avanzar en la senda del desarrollo sostenible y en la (re)construcción de una mañana que «no deje a nadie atrás».

Avanzar en la consecución del ODS 6, Agua y Saneamiento, como un objetivo vital para la humanidad, nos corresponde a cada uno de nosotros y de nosotras. Y es que, casi sin darnos cuentas, obviamos que el agua está presente en nuestras vidas y que su abastecimiento pende de un hilo.

Agua y Saneamiento para tod@s debiera ser algo más que que una vocación. En la medida en que es un bien limitado y crucial para la sostenibilidad de la vida en el Planeta, así como para la sostenibilidad de nuestro sistema productivo y para nuestra sociedad, contribuir al logro de garantizar agua y saneamiento a la población mundial, debe convertirse en una aspiración  individual y colectiva.

Agua y saneamiento son indispensables para regar las semillas del mañana. Y son una forma de entender nuestras culturas. El agua forma parte de la idiosincrasia de la civilización y de su abastecimiento, depende poder acabar con el hambre y la pobreza; no contribuir a ahondar en las desigualdades existentes; o contribuir a erradicar toda posibilidad de que surjan nuevos dramas para la humanidad relacionados con la escasez o fenómenos climáticos extremos.

Que el agua cope el interés de nuestros gobernantes, de nuestras empresas y de la sociedad civil, depende también del  sentir y de la conciencia ciudadana. Porque el agua no es infinita, valoremos el recurso como uno de los más preciados bienes de y para la humanidad.

Para Dividendo Social, agua significa vida. ¿Y para ti?

 

Dudoso privilegio liderar el ránking de ciudades europeas con una mayor tasa de mortalidad relacionada con la contaminación por dióxido de nitrógeno (NO₂). Analizadas 858 urbes, el área metropolitana de Madrid encabeza el ránking. El área metropolitana de Barcelona ocupa el sexto lugar, según un estudio de la revista The Lancet Planetary Health.

Fuente: The Lancet Planetary Health

A estas alturas de siglo, parece no haber duda de que la contaminación ambiental es una de las principales causas de mortalidad en todo el mundo ni de su relación con innumerables afecciones para nuestra salud. Ni de que las ciudades son un caldo de cultivo idóneos y puntos críticos de contaminación del aire y enfermedades. Y, sin embargo, no ha sido hasta diciembre de 2020 que se ha reconocido, con una sentencia pionera, a la primera víctima moral de la contaminación: una niña de 9 años que murió en Londres.

Las ciudades son el lugar donde se ganará o perderá la batalla climática”, afirmaba el secretario general de la ONU en la Cumbre Mundial de Alcaldes C40 celebrada en Copenhague en 2019. La contaminación, la emisión de gases de efecto invernadero, el calentamiento global… inciden directamente en el cambio climático. O la crisis climática, riesgo del que reiteradamente alertan foros como el Económico Mundial de Davos, la ONU y las diferentes Cumbres del Clima (COP). Llamamientos que, permítanos la expresión, “oímos como el que oye llover”, en un momento irónicamente marcado por fenómenos meteorológicos extremos que, como Filomena, llaman nuestra atención “cuando la tormenta está encima”.

Ante las alarmantes evidencias y los reiterados llamamientos, urge entrar en acción. Y adoptar la senda de la sostenibilidad y el desarrollo sostenible como la única senda posible para legar un mañana a generaciones presentes y futuras.

  • Contamos con los diferentes compromisos y acuerdos como los de París;
  • Con una Agenda como la 2030 y un ODS específico, el ODS 11, que nos insta a trabajar en un marco de colaboración y alianza, para Lograr que las ciudades sean más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles;
  • Y una estrategia específica y de gran valor para las ciudades como la Agenda Urbana Española, con objetivos estratégicos específicos tendentes a hacer de nuestras ciudades, espacios más habitables y saludables:

 

Sabemos cómo hacerlo. Hagámoslo y tomemos la senda de la sostenibilidad antes de que sea (más) tarde.

Raquel Paiz

CEO Dividendo Social. Comunicación Estratégica y RSC.

 

 

 

 

 

Con permiso de una pandemia (o «sindemia, que es como, según la revista ‘The Lancet«, es más apropiado referirse al COVID-19, en la medida en que hay muchos otros factores a los que, además de la enfermedad, urge prestar atención) como la derivada de la disrupción de la COVID-19 en nuestras vidas, cambio climático y un aumento de la(s) desigualdad(es) siguen siendo riesgos más que probables y con alto impacto en el corto y medio plazo, según el Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial. Riesgos que, además, requieren una respuesta contundente y urgente por parte de gobiernos y mandatari@s si no queremos profundizar en las grietas de una sociedad, a día de hoy, más fragmentada que hace solo unos años; y en los devastadores efectos de nuestro paso por el Planeta.

Son algunas de las conclusiones del informe de riesgos del Foro Económico Mundial de Davos (The Global Risks Report 2021), dado a conocer este mes de enero.

Urge que gobiernos, empresas, sociedad civil y entidades del tercer sector y sin ánimo de lucro, en un marco común de alianzas (ODS 17) y diálogo, tomen en consideración los riesgos globales a los que, como humanidad, nos enfrentamos en el corto y medio plazo. Tomar en consideración el impacto y la probabilidad de riesgos como el de una pandemia (incluida en la matriz de riesgos del Foro Económico Mundial desde 2006) debiera ser algo más que un compromiso. Y es que, con permiso de la COVID-19, el mundo no está preparado para resistir la embestida de otra crisis como la del cambio climático y para la que ningún país, ninguna economía ni ninguna sociedad está preparada.

 

Matriz de riesgos globales Foro Económico Mundial 2021

Son cada vez más quienes hablan de una generación perdida a la que no debemos -ni podemos- seguir ignorando. Es la generación que se enfrenta a un mañana más que incierto. De nosotr@s depende que no sea, además, un mañana improbable.

Avanzar en una transición ecológica de la economía y de nuestro modelo de producción, a pesar de la sindemia derivada de la crisis sanitaria y el drama humanitario en el que andamos inmers@s, ha de convertirse en la más sostenible de las sendas para evitar seguir profundizado en las muchas brechas de las que depende que la igualdad alcanzada hoy no dé un solo paso atrás.

De nosotr@s depende también la reconstrucción sostenible, sostenida y ecológica de un futuro que no deje a nadie atrás, asentado, entre otros, en la Agenda 2030 trazada por la ONU con un horizonte temporal, 2030, y 17 objetivos de desarrollo sostenible y sus respectivas metas, en los que poner el foco como antídoto y vacuna a la(s) desigualdad(es) y al riesgo más que probable de una (mayor) crisis del cambio climático de consecuencias irreversibles.

Por probabilidad, los tres primeros riesgos globales contemplados en el Global Risks Report 2021, guardan relación con el clima, el tiempo, el daño perpetrado por los humanos al entorno natural y el fracaso de las acciones planteadas para mitigar los efectos del cambio climático. Por impacto, las consecuencias de este fracaso son de un riesgo impredecible.

 

De nosotr@s depende entrar en acción para evitar una matriz de riesgos globales. No será que no estamos avisad@s…

 

Raquel Paiz

CEO Dividendo Social. Comunicación Estratégica, RSC y Desarrollo Sostenible

 

 

 

 

El próximo 19 de diciembre, de 11 a 12 horas, participaré en el curso online “Innovar en la política local desde la igualdad. Nueva agenda urbana y buenas prácticas”, organizado por el Centro Mediterráneo de la Universidad De Granada. Una hora en la que trataré de poner el foco en algunas cuestiones básicas como la necesidad de comunicar la crucial importancia de acometer la (re)construcción del sistema tomando como pilar el desarrollo sostenible y la Nueva Agenda Urbana, sobre la que he reflexionado en diferentes ocasiones.

Y si el desarrollo sostenible, me ha parecido siempre el único de los desarrollos posibles, ahora, en un momento de extraordinaria complejidad, marcado por la disrupción y la presencia de la COVID-19 en nuestras vidas, razón de más. Ahora, que nos hemos visto en la obligación de vivir confinados en el perímetro de nuestros municipios, constatamos de la importancia de la confortabilidad, amigabilidad y sostenibilidad de nuestros entornos urbanos.

El momento es propicio para impulsar un cambio de paradigma, sustentado en la sostenibilidad y que afecta no solo al modelo de producción, sino a la forma en que (co)habitamos las urbes

¿Habitamos las ciudades que queremos? ¿Contribuyen las ciudades a impulsar un modelo de desarrollo y convivencia asentado sobre los pilares que son y representan los ODS de la Agenda 2030 de Naciones Unidas? ¿Somos conscientes de que las grandes batallas contra el cambio climático, la polución, la movilidad sostenible o mitigar los devastadores efectos de los que hoy es ya una sindemia, se librarán en las ciudades?

¿Promoveremos un modelo capaz de impulsar la convivencia entre los entornos rurales y los entornos urbanos? ¿Somos conscientes de nuestro papel como ciudanan@s para contribuir a propiciar el cambio hacia un modelo alineado con el desarrollo sostenible? ¿Saben nuestr@s regidores cómo hacerlo?

 

ODS 11, objetivo estratégico

Según Naciones Unidas, hoy, “más de la mitad de la población mundial vive hoy en zonas urbanas”. Y en 2050, esa cifra habrá aumentado a 6.500 millones de personas, dos tercios de la humanidad. No es posible lograr un desarrollo sostenible sin transformar radicalmente la forma en que construimos y administramos los espacios urbanos” (ODS 11 de la Agenda 2030).

Y a tal fin, contamos con una herramienta crucial específica para los municipios. Las Agendas Urbanas, o lo que es lo mismo, la hoja de ruta de los municipios para contribuir al desarrollo sostenible, y más ahora que apremia la reconstrucción del modelo productivo y el impulso de una transición ecológica y un gran “pacto verde”.

La Agenda Urbana Española, impulsada por el Gobierno de España en febrero de 2019, representa pues, la hoja de ruta que, en línea con la Agenda 2030 de Naciones Unidas y sus 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS), marca el “camino para conseguir pueblos y ciudades más humanos”.

De cómo y por qué comunicar la importancia de impulsar y sacar provecho a los principios de la Agenda Urbana, hablamos el próximo 19 de diciembre.

Más información aquí:

https://cemed.ugr.es/curso/20zu01/

 

Raquel Paiz

Periodista especializada en RSC y Desarrollo Sostenible

CEO Dividendo Social. Valor con Valores

 

También, y sobre todo, en tiempo de extraordinaria complejidad como los actuales, marcados por la irrupción de la COVID-19 en nuestras vidas, la infancia merece  una muy especial atención.

Y es hoy, se están conformando los adultos del futuro. Impulsar el cuidado y proteger su salud mental y emocional en tiempos de COVID torna vital en estos casos. Y más si se trata de colectivos especialmente vulnerables y en riesgo de exclusión.

A propósito de los ODS 3, 4 y 17 de la Agenda 2030 de la ONU, el próximo 2 de diciembre, acompañamos a Aldeas Infantiles SOS en la presentación del informe “Cuidado de calidad y salud mental en tiempos de la COVID-19, una mirada desde los niños y niñas más vulnerables”, un estudio que ahonda en los efectos psicológicos de la pandemia y el confinamiento, y en el que han participado más de 460 niños y adolescentes del sistema de protección y familias en riesgo.

La presentación será el próximo martes 1 de diciembre, a las 16 horas .

Inscríbete a través de este enlace.

Participan:

  • Fernando Chacón, decano del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid
  • Laura Vallejo, directora de investigación de Aldeas Infantiles SOS de España
  • Javier Fresneda, vicepresidente de Aldeas Infantiles SOS de España
  • Clara Martínez, directora de la Cátedra Santander de los Derechos del Niño en la Universidad Pontificia de Comillas ICAI-ICADE
  • Nadia Garrido, directora de incidencia de Aldeas Infantiles SOS España

 A propósito de los ODS 3, Salud y Bienestar, ODS 5, Igualdad de género, y ODS 17, Alianzas, de la Agenda 2030, contamos con la colaboración de Marga Fernández, Agente de Igualdad para la salud de las mujeres

 

LAS ÚLTIMAS DE LA FILA

Cada día me pregunto: ¿A quién cuido y quién me cuida? ¿Cómo se sienten quienes  tengo a mi alrededor, y cómo me siento  ante quienes me rodean? ¿Cuántas veces al día alguien te mira a los ojos y te pregunta con interés cómo te sientes, cómo te encuentras hoy? A penas nos paramos a pensar en cómo sucede algo de esto.

Y lo peor de todo, al menos para mí, es saber que hasta yo misma tengo interiorizada esa “normalidad” anormal con la que me han dicho que tengo que vivir, cultural y socialmente. Hemos aprendido a convivir sin que, en muchas ocasiones nos parezca “mal” lo que sea que vivimos. Ya sea en el ámbito social, el educativo, el laboral, el familiar, e incluso en el ámbito de la salud, nos encontramos barreras o no se “nos permite, o no nos permitimos” tener momentos duros, o ponernos enfermas, porque si lo hacemos, decaerán los y las demás…

Se nos atribuyen poderes sobrenaturales. Se nos incita al desdoblamiento, a ser ingeniosas, resolutivas, maestras de todas las asignaturas del cole. Se nos insta a estar siempre esbozando una sonrisa, aunque por dentro estés llorando. Se nos dice e insinúa de infinitas maneras que estemos monísimas, bien arregladitas, sin canas. Se nos presupone que no necesitamos ayuda de ninguna clase porque ya nacimos pulpos con 8 brazos para llegar a todo y a todos… Que nacimos todoterreno.

A una buena mayoría de mujeres, nadie nos da permiso (y en muchos casos, nosotras nos sentimos mal si nos lo tomamos). ¿Alguna vez os habéis planteado después de ser madres, o esposas o hijas con cargas y responsabilidades ineludibles, en cómo de necesarios son los espacios para vosotras mismas? ¿Sabíais que, aunque demos a luz, nos casemos, vivamos en pareja, o nos dediquemos al cuidado de nuestros mayores, también tenemos vida propia? Sí, la tenemos igual que sabemos y asumimos que somos trabajadoras jornada completa, 24 horas, 365 días al año…O que somos compañeras, amigas, confidentes, empresarias, ecónomas, gestoras, políglotas, cocineras, limpiadoras, defensoras del medioambiente, taxistas, confesoras y confidentes, psicólogas, terapeutas y masajistas. Todas esas profesiones y mil más en una sola, en ti.

En el caso de las mujeres ¿será que no nos permitimos a veces hacernos hueco  para estar a solas con nosotras mismas o estar con quienes queramos, o quizás sea que nos da miedo hacerlo por si ya no nos reconocemos en esos miles de roles que hemos ido asumiendo? ¿Somos nosotras las que hemos entrado sutilmente en ese juego traicionero que nos alimenta el ego, o que nos consuela el alma? ¿A qué se debe tanta abnegación? ¿Somos carne de la historia de este país, o quizás lo somos de patriarcados enraizados? ¿O quizás somos parte de esa “cultura heredada” de nuestro linaje porque siempre hay quienes se benefician de nuestro silencio sumiso?

Sé que son muchas preguntas y todas de golpe…Y al final, una sola conclusión: aunque hemos avanzado, cargamos demasiado sobre nosotras.

Las mujeres de antes en la medida en la que podían, hacían su propia lucha aprovechando que en todo momento y para todo, ellas eran las DADORAS. Lo hicieron con lo que tenían a mano, o con lo que les dejaban hacer con su compleja vida, la de antes. Dadoras de vida, de sustento, de valores, de educación, de ideas (las buenas, y las no tan buenas), de cariño, de normas, de amor, de pactos….

Las de ahora, entre las que me incluyo, con nuestras situaciones personales, nuestros roles familiares, sociales, y laborales, ya no nos conformamos. Todo en su conjunto también conforma nuestra realidad porque ellas, las madres y las abuelas configuraron nuestro pasado. Nosotras tenemos la obligación de vivir en este presente, y nuestras hijas o sobrinas, tienen ese reto de asumir ese futuro que entre todas les dejemos para ver si entre todas conseguimos dejar de ser “Las últimas de la fila”. O decidir, al menos, libremente si quieren serlo o no.

Necesitamos generar espacios y entornos seguros donde compartir aquello que nos pasa. Hacerlo con mujeres que te permitan dejarte caer, sonreír o llorar, porque cuando la vida se nos pone cuesta arriba, saber que tenemos disponibles a esas personas que entienden nuestros bloqueos, hacen que esas enfermedades que también acuciamos y que en algunos casos tienen su origen en las emociones, sean más llevaderas e incluso se alivien al compartirlas entre las iguales. No perdamos esto de vista. Se trata de cuidarnos, de entendernos, de acompañarnos y aprender a auto gestionarnos como mujeres merecedoras de amor, y comprensión. Generemos espacios para que las risas nos generen felicidad y nos eviten acumular estrés. Por todo esto, y por todo lo que seamos capaces de descubrir a solas o acompañadas, os insto a generar muchos más espacios llenos de mujeres dispuestas a buscarnos, reconocernos, no juzgarnos y, sobre todo, apoyarnos en nuestras vidas.