Dividendo Social | Igualdad
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Igualdad

Con permiso de una pandemia (o «sindemia, que es como, según la revista ‘The Lancet«, es más apropiado referirse al COVID-19, en la medida en que hay muchos otros factores a los que, además de la enfermedad, urge prestar atención) como la derivada de la disrupción de la COVID-19 en nuestras vidas, cambio climático y un aumento de la(s) desigualdad(es) siguen siendo riesgos más que probables y con alto impacto en el corto y medio plazo, según el Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial. Riesgos que, además, requieren una respuesta contundente y urgente por parte de gobiernos y mandatari@s si no queremos profundizar en las grietas de una sociedad, a día de hoy, más fragmentada que hace solo unos años; y en los devastadores efectos de nuestro paso por el Planeta.

Son algunas de las conclusiones del informe de riesgos del Foro Económico Mundial de Davos (The Global Risks Report 2021), dado a conocer este mes de enero.

Urge que gobiernos, empresas, sociedad civil y entidades del tercer sector y sin ánimo de lucro, en un marco común de alianzas (ODS 17) y diálogo, tomen en consideración los riesgos globales a los que, como humanidad, nos enfrentamos en el corto y medio plazo. Tomar en consideración el impacto y la probabilidad de riesgos como el de una pandemia (incluida en la matriz de riesgos del Foro Económico Mundial desde 2006) debiera ser algo más que un compromiso. Y es que, con permiso de la COVID-19, el mundo no está preparado para resistir la embestida de otra crisis como la del cambio climático y para la que ningún país, ninguna economía ni ninguna sociedad está preparada.

 

Matriz de riesgos globales Foro Económico Mundial 2021

Son cada vez más quienes hablan de una generación perdida a la que no debemos -ni podemos- seguir ignorando. Es la generación que se enfrenta a un mañana más que incierto. De nosotr@s depende que no sea, además, un mañana improbable.

Avanzar en una transición ecológica de la economía y de nuestro modelo de producción, a pesar de la sindemia derivada de la crisis sanitaria y el drama humanitario en el que andamos inmers@s, ha de convertirse en la más sostenible de las sendas para evitar seguir profundizado en las muchas brechas de las que depende que la igualdad alcanzada hoy no dé un solo paso atrás.

De nosotr@s depende también la reconstrucción sostenible, sostenida y ecológica de un futuro que no deje a nadie atrás, asentado, entre otros, en la Agenda 2030 trazada por la ONU con un horizonte temporal, 2030, y 17 objetivos de desarrollo sostenible y sus respectivas metas, en los que poner el foco como antídoto y vacuna a la(s) desigualdad(es) y al riesgo más que probable de una (mayor) crisis del cambio climático de consecuencias irreversibles.

Por probabilidad, los tres primeros riesgos globales contemplados en el Global Risks Report 2021, guardan relación con el clima, el tiempo, el daño perpetrado por los humanos al entorno natural y el fracaso de las acciones planteadas para mitigar los efectos del cambio climático. Por impacto, las consecuencias de este fracaso son de un riesgo impredecible.

 

De nosotr@s depende entrar en acción para evitar una matriz de riesgos globales. No será que no estamos avisad@s…

 

Raquel Paiz

CEO Dividendo Social. Comunicación Estratégica, RSC y Desarrollo Sostenible

 

 

 

 

 A propósito de los ODS 3, Salud y Bienestar, ODS 5, Igualdad de género, y ODS 17, Alianzas, de la Agenda 2030, contamos con la colaboración de Marga Fernández, Agente de Igualdad para la salud de las mujeres

 

LAS ÚLTIMAS DE LA FILA

Cada día me pregunto: ¿A quién cuido y quién me cuida? ¿Cómo se sienten quienes  tengo a mi alrededor, y cómo me siento  ante quienes me rodean? ¿Cuántas veces al día alguien te mira a los ojos y te pregunta con interés cómo te sientes, cómo te encuentras hoy? A penas nos paramos a pensar en cómo sucede algo de esto.

Y lo peor de todo, al menos para mí, es saber que hasta yo misma tengo interiorizada esa “normalidad” anormal con la que me han dicho que tengo que vivir, cultural y socialmente. Hemos aprendido a convivir sin que, en muchas ocasiones nos parezca “mal” lo que sea que vivimos. Ya sea en el ámbito social, el educativo, el laboral, el familiar, e incluso en el ámbito de la salud, nos encontramos barreras o no se “nos permite, o no nos permitimos” tener momentos duros, o ponernos enfermas, porque si lo hacemos, decaerán los y las demás…

Se nos atribuyen poderes sobrenaturales. Se nos incita al desdoblamiento, a ser ingeniosas, resolutivas, maestras de todas las asignaturas del cole. Se nos insta a estar siempre esbozando una sonrisa, aunque por dentro estés llorando. Se nos dice e insinúa de infinitas maneras que estemos monísimas, bien arregladitas, sin canas. Se nos presupone que no necesitamos ayuda de ninguna clase porque ya nacimos pulpos con 8 brazos para llegar a todo y a todos… Que nacimos todoterreno.

A una buena mayoría de mujeres, nadie nos da permiso (y en muchos casos, nosotras nos sentimos mal si nos lo tomamos). ¿Alguna vez os habéis planteado después de ser madres, o esposas o hijas con cargas y responsabilidades ineludibles, en cómo de necesarios son los espacios para vosotras mismas? ¿Sabíais que, aunque demos a luz, nos casemos, vivamos en pareja, o nos dediquemos al cuidado de nuestros mayores, también tenemos vida propia? Sí, la tenemos igual que sabemos y asumimos que somos trabajadoras jornada completa, 24 horas, 365 días al año…O que somos compañeras, amigas, confidentes, empresarias, ecónomas, gestoras, políglotas, cocineras, limpiadoras, defensoras del medioambiente, taxistas, confesoras y confidentes, psicólogas, terapeutas y masajistas. Todas esas profesiones y mil más en una sola, en ti.

En el caso de las mujeres ¿será que no nos permitimos a veces hacernos hueco  para estar a solas con nosotras mismas o estar con quienes queramos, o quizás sea que nos da miedo hacerlo por si ya no nos reconocemos en esos miles de roles que hemos ido asumiendo? ¿Somos nosotras las que hemos entrado sutilmente en ese juego traicionero que nos alimenta el ego, o que nos consuela el alma? ¿A qué se debe tanta abnegación? ¿Somos carne de la historia de este país, o quizás lo somos de patriarcados enraizados? ¿O quizás somos parte de esa “cultura heredada” de nuestro linaje porque siempre hay quienes se benefician de nuestro silencio sumiso?

Sé que son muchas preguntas y todas de golpe…Y al final, una sola conclusión: aunque hemos avanzado, cargamos demasiado sobre nosotras.

Las mujeres de antes en la medida en la que podían, hacían su propia lucha aprovechando que en todo momento y para todo, ellas eran las DADORAS. Lo hicieron con lo que tenían a mano, o con lo que les dejaban hacer con su compleja vida, la de antes. Dadoras de vida, de sustento, de valores, de educación, de ideas (las buenas, y las no tan buenas), de cariño, de normas, de amor, de pactos….

Las de ahora, entre las que me incluyo, con nuestras situaciones personales, nuestros roles familiares, sociales, y laborales, ya no nos conformamos. Todo en su conjunto también conforma nuestra realidad porque ellas, las madres y las abuelas configuraron nuestro pasado. Nosotras tenemos la obligación de vivir en este presente, y nuestras hijas o sobrinas, tienen ese reto de asumir ese futuro que entre todas les dejemos para ver si entre todas conseguimos dejar de ser “Las últimas de la fila”. O decidir, al menos, libremente si quieren serlo o no.

Necesitamos generar espacios y entornos seguros donde compartir aquello que nos pasa. Hacerlo con mujeres que te permitan dejarte caer, sonreír o llorar, porque cuando la vida se nos pone cuesta arriba, saber que tenemos disponibles a esas personas que entienden nuestros bloqueos, hacen que esas enfermedades que también acuciamos y que en algunos casos tienen su origen en las emociones, sean más llevaderas e incluso se alivien al compartirlas entre las iguales. No perdamos esto de vista. Se trata de cuidarnos, de entendernos, de acompañarnos y aprender a auto gestionarnos como mujeres merecedoras de amor, y comprensión. Generemos espacios para que las risas nos generen felicidad y nos eviten acumular estrés. Por todo esto, y por todo lo que seamos capaces de descubrir a solas o acompañadas, os insto a generar muchos más espacios llenos de mujeres dispuestas a buscarnos, reconocernos, no juzgarnos y, sobre todo, apoyarnos en nuestras vidas.